PALABRAS PADRE LOUIS LETSCH

El Padre Lucho dijo estas palabras de aliento para las familias campesinas de las Aldeas, en sus distintos discursos inaugurales, palabras que desafían a todos los protagonistas del proyecto.

“Hermanos del campo, les quiero decir dos palabras; se lo quiero decir como amigo y como creyente; como misionero y como sacerdote que tiene un gran corazón.

¿Qué quiero decir?: Que Dios te quiere, que te valora, y que ha decidido ayudarte a ponerte de pie. También deseo avisarte que la sociedad entera te necesita, quiero invitarte a que abras tu corazón sencillo y generoso, que despierte tu creatividad y tu capacidad de lucha para crecer, para ser persona, para enfrentar al mundo que nace, tú no puedes quedar atrás, no puedes seguir quedando fuera de tu patria. Hace muchos siglos que vives al margen, no puedes esperar más” (Inauguración Aldea Príncipe Guillermo de Luxemburgo, Romeral 27 de Noviembre de 1994).

El Padre Lucho, como le dicen sus amigos en Chile, nació en medio del mundo rural de Luxemburgo, en el corazón de Europa. A pesar de haber vivido en medio de una enseñanza religiosa tradicional, realizó sus estudios en pleno desarrollo del Concilio Vticano II y de las grandes transformaciones al interior de la Iglesia, que abrían nuevos horizontes a nivel de la pastoral y evangelización de los pueblos.

“Había un nuevo optimismo frente a las crisis y a los cambios profundos que vivía la sociedad europea en los años 60, y particularmente frente a lo que sucedió en mayo de 1968 con la rebelión estudiantil en Francia, que marcó profundamente mi personalidad y que me fue forjando nuevos ideales. Así me nació la inquietud, junto a otros amigos, de buscar espacios de misión y de pastoral renovados” (Padre Louis Letsch).

Llegó a Chile el 12 de junio de 1971, algunos meses después de su ordenación sacerdotal. Sus primeros pasos como tal fueron en el Equipo de Pastoral Rural Curicó Valle con sede en la Parroquia de Teno.

En el contexto de su trabajo en medio de las familias campesinas más pobres de Curicó fue destacando en él el impacto de la espiritualidad de su congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, inspirados por el carisma del Padre León Dehón (1843-1925), su fundador.

“En las ideas del P. Dehón está mi identificación espiritual, de dejar la acción asistencialista para pasar a una perspectiva más profética y más política. Su proyecto integra una visión profética de liberación junto a una acción política audaz: cuestionar las estructuras que no hacen más que oprimir las capacidades de los campesinos, negándoles la justicia y la equidad para que se alcen dignos en su mundo. En los tiempos nuevos –dice el Padre Dehón- hay que hacer obras nuevas. Para mí el Proyecto de las Aldeas Rurales es una obra nueva, que quiere dar respuesta a nuevas necesidades de los campesinos. Sigue el P. Dehón “la Iglesia no es sólo para formar almas piadosas, sino también para hacer reinar la justicia…por lo tanto, es necesario que el sacerdote se dedique a nuevos estudios y a nuevas obras…los sacerdotes deberían ser los defensores de la justicia de la fraternidad y de la igualdad social, no para corregir los errores ni por oportunismo, sino por un deber de justicia y caridad y por una rigurosa exigencia de su ministerio”” (Padre Louis Letsch).

En el año 1985 a raíz del terremoto que azotó la zona central del país, en una conversación entre él y un matrimonio de jóvenes en el sector de Tres Esquinas (Romeral), nació la idea de hacer casas.

“Era cosa de mirar alrededor, la situación delicada de muchos matrimonios jóvenes que vivían en casas de fundo, allegados, sin esperanzas ni aspiraciones de tener una vivienda. Pensaba que a esas personas que yo estaba animando a una mejor vida, iban a volver a sus mediaguas de allegados, donde no podrían desarrollar una vida tal cual se las estaba planteando en mis conversaciones. Había una gran contradicción” (Padre Louis Letsch).

En sus conversaciones con una diputada luxemburguesa y con Cáritas de Luxemburgo se obtuvo la primera donación que permitió la construcción de 8 viviendas, (las primeras de tantas casas que él ha construido) que formaron la Villa Luxemburgo I en la comuna de Romeral.

Las diversas construcciones desarrolladas le valieron credibilidad en las comunidades y las agencias gubernamentales y no gubernamentales de Luxemburgo. Junto a las casas construyó quince capillas que sirven para las celebraciones y para las reuniones comunitarias de las organizaciones del sector.

Estas obras gustaron mucho en Luxemburgo y permitieron que se dieran las circunstancias para un encuentro que sería decisivo en la materialización de este proyecto.

Así, en el año 1990, el Padre Lucho lleno de motivación y entusiasmo, logró un compromiso con el gobierno de Luxemburgo, quien se comprometió con una primera donación para la construcción de Aldeas Rurales. Desde ese momento comenzaron a aflorar las Aldeas en las comunas de Teno y Romeral.

El Padre Lucho, como fue conocido en la provincia de Curicó, junto con amar a su Señor Jesús y a su Iglesia, amó profundamente a los campesinos de la provincia. Siempre tuvo esa mirada visionaria de los grandes hombres. Sabía enfrentar decidida y efectivamente muchos problemas que veía en su entorno, y que afectaba a sus predilectos.

Su mirada visionaria se inscribió en la urgencia de la dignidad de los campesinos, de un trato justo para ellos, de la compañía promotora del desarrollo rural, y especialmente, de la valoración del campo como un lugar digno de vivirse, y por tanto, habitarlo y hacerlo florecer.

Por eso el Padre Lucho hizo de su acción pastoral una especial preocupación por el trabajo, la vivienda y la organización rural. Apoyó incesantemente la formación de liderazgos y dirigencias juveniles en tiempos oscuros de la dictadura.

Las aldeas rurales de las comunas de Teno y Romeral son su gran legado, donde alrededor de 200 familias campesinas viven en casas de altos estándares y construyendo día a día relaciones solidarias. En estos espacios abrió múltiples oportunidades laborales y productivas, generó instancias educativas acordes a la cultura y necesidades propias de los campesinos, acercó los diversos servicios “urbanos” a ellos, y sobre todo, entregó las oportunidades para el desarrollo de los más jóvenes y los niños.

En síntesis, el legado del Padre Lucho, once años después de su muerte, sigue vivo, continúa animándonos en la búsqueda de oportunidades de crecimiento y desarrollo para las familias de sectores rurales, y de las distintas comunas de la provincia de Curicó.